Los peligros de apoltronarse en el trabajo


Algunos lo llaman vértigo, otros cobardía, pero una gran mayoría habla simplemente de comodidad. Así es el apoltronado, un profesional que ha optado por instalarse en el confort de un puesto del que piensa que nada ni nadie puede moverle.

Y es que, en un momento en el que trabajo para toda la vida tiene los días contados, este espécimen sobrevive en muchas organizaciones. En su libro Dirige tu carrera, José Medina, socio director de Odgers Berndtson, menciona esta fase de complacencia, para referirse a aquellos que están satisfechos pero no motivados y viven una etapa otoñal en su carrera: “El espíritu, la mente y, a veces hasta el cuerpo, pueden engordar. A ello sigue la autocomplacencia, el estancamiento y hasta el compromiso al revés: sentir ahora que es la empresa o los otros quienes están en deuda moral conmigo por mi gran esfuerzo, trabajo y servicios prestados”. Al margen del puesto que desempeñes, si has llegado a este punto, conviene que reacciones porque el apoltronamiento es la antesala del despido más doloroso: el inesperado. La desidia laboral es el peor de los pecados. Ahora lo que priman son los resultados y los profesionales valen por lo que aportan, no por los éxitos que consiguieron en el pasado o por su antigüedad.

Tienes que evitar que tu actitud te lleve al invierno profesional donde no caben la motivación ni la satisfacción. Si ya no hay remedio, debes aprender a gestionar el vértigo que genera cambiar tu forma de ser si quieres conservar el puesto. José Manuel Chapado, socio de Isavia y autor de Vértigo, afirma que “la gente que se niega a correr riesgos vive con una sensación de vértigo insuperable, mucho más dolorosa que la que experimentaría si afrontara su temor. El problema es que esto último, ¡no lo sabe!”. Los apoltronados sobreviven sin hacer ruido, pasar inadvertidos es su mejor aliado. Y quedarse sin empleo es nefasto para su futuro profesional. Sólo si son capaces de salir de su letargo pueden prepararse para asumir nuevos retos. Vivian Acosta, socia de Norman Broadbent, recuerda que “el líder actual es un dispensador de ilusiones, compromiso y motivación. Para ello, los estilos cercanos, con enfoques muy participativos y centrados en el reconocimiento son ahora más necesarios que nunca”.


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