La presión de los suicidios en el fútbol americano


La Liga Nacional de Fútbol Americano (NFL) siempre ha negado las acusaciones de los daños cerebrales y secuelas que han afectado a los jugadores. Durante años, sin embargo, ha investigado el problema con una comisión dirigida por un reumatólogo. Misterio. La NFL ha conseguido que no se revele lo que sabía tras el acuerdo con el que se ha puesto fin a la demanda.

Pero debía de ser mucho. No solo la demencia de Jim McMahon, por ejemplo, ganador de una Superbowl con Chicago Bears, o el mal de Gehrig de Kevin Turner, que jugó en New England Patriots y Philadelphia Eagles, y que tiene solo 44 años. Entre otros muchos. Especialmente, han sido impactantes los suicidios.

El cerebro de Junior Seau mostró que sufría una enfermedad degenerativa cerebral a consecuencia de los traumas repetidos durante sus 20 años de profesional en San Diego Chargers, Miami Dolphins y los Patriots. Se pegó un tiro en el pecho en mayo del año pasado a los 43 años. La familia se presentó en su nombre en la demanda colectiva resuelta con la indemnización millonaria, tras pedir un informe médico por su cuenta y comprobar su estado.

Apenas dos semanas antes, en abril de 2012, también se quitó la vida Ray Easterling, jugador durante ocho temporadas de Atlanta Falcons en los años setenta. Él tenía 63. Los estudios posteriores descubrieron que también tenía encefalopatía traumática degenerativa. Él sí se había sumado personalmente a la demanda contra la NFL.

Los suicidios, sin duda, aceleraron el acuerdo. La NFL se resistía, argumentando en abril de este año que se desestimara la demanda incluyéndola en la negociación de los convenios colectivos y tratando de pasarles la pelota a los equipos.

Lo que añade un matiz aún más proceloso al tema es que la NFL tuvo que intervenir y sancionar al entrenador y varios jugadores de New Orleans Saints hace unos meses al descubrir que el equipo tenía un programa sistemático de defensa a base de golpear estudiadamente a sus rivales. Incluidas sus cabezas. Siempre el circo máximo. Pero hay muchos intereses para que la fiesta deba continuar.


:fuente:elpais.com

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