Historia del Monstruo de Amstetten | Hechos, fotos, video documental


Decía G. K. Chesterton que el auténtico aventurero no es quien da la vuelta al mundo, sino el que es capaz de saltar por encima del muro del jardín de su vecino. Y una vez saltado, entablar una relación. En su ensayo La aventura de la familia el escritor británico esgrime la tesis de que el hombre es la más terrible de todas las bestias. Y la persona que puede confrontar de igual a igual nuestros principios es precisamente la gente que más cerca tenemos. El hombre moderno, escribió Chesterton, viaja a lugares exóticos para huir de la calle donde nació. Las mujeres que masajeaban al electricista jubilado Josef Fritzl, cuando éste viajaba desde Austria a Tailandia, nunca le preguntarían nada incómodo, ni se iban a mofar en su cara por verle en tanga. Sin embargo, el panadero Funther Prarreiter, de 38 años, que vive al lado de su portal sí que podía preguntarle al viejo Josef, de 73 años, por su hijo Josef, de 50, soltero, tímido, solitario, introvertido. La prensa no ha hablado apenas de ese hijo que vivía hasta esta semana bajo el mismo techo que sus padres, al lado de la panadería. "Aquí venía el viejo Josef Fritzl a comprar todos los viernes y sábados. Se llevaba 10 panecillos pequeños y un kilo de panes grandes. El resto de los días solía venir Rosemarie, su esposa", cuenta Prarreiter.

* El 'monstruo de Amstetten' estaba fichado dos veces por violación
* Fritzl colocó una lámpara ultravioleta para compensar la falta de luz natural en el zulo

Fritzl bajó a su hija al sótano en 1984 con la excusa de subir una carga. Los niños vieron las violaciones durante nueve años, cuando sólo tenían un cuarto.Era una cárcel infantil, de 1,70 de altura y sesenta metros cuadrados"Cuando entraba en una habitación, los hijos se callaban y se quedaban quietos".

La entrada a la casa estaba vetada a los amigos de sus hijos conocidos Josef Fritzl, el monstruo de Amstetten, levantó muros invisibles entre él y sus vecinos. Muros que a nadie en este pueblo de 23.000 almas llamaban la atención, porque están acostumbrados bien a no verlos o bien a respetarlos. En Amstetten nadie sabía que Fritzl había intentado violar a una mujer de 21 años en septiembre de 1967 en la ciudad vecina de Linz. Nadie sabía tampoco que había pasado 18 meses en la cárcel por violar a otra de 24 años en Linz también. La víctima de entonces, ahora una enfermera jubilada, ha rememorado cómo se despertó aquella noche de octubre cuando alguien tiraba de la colcha de su cama. "Pensé que se trataba de mi marido, que había vuelto". Pero era Fritzl, que había penetrado en la casa por la ventana de la cocina y empuñaba un cuchillo. "Me dijo que si gritaba me mataría".

En Austria, los antecedentes por delitos sexuales desaparecen de los archivos judiciales al cabo de 10 ó 15 años, según los casos. Ésa puede ser la razón por la que en 1994, cuando la policía investigó los antecedentes de Fritzl antes de permitirle adoptar un bebé, no encontraron ninguna mancha en su historial.


En Amstetten el viejo electricista estaba considerado como una persona afable. Los vecinos lo veían pasar con su Mercedes gris plateado. Algunos sabían que fue electricista antes de jubilarse, que tenía siete hijos con su esposa Rosemarie, a la que conoció cuando ella frisaba los 17 y él los 22. Pero poco más sabían.

Uno de aquellos siete hijos era la pequeña Elisabeth, que venía siendo violada por su padre desde la niñez. El martes 28 de agosto de 1984, Fritz le pidió que le ayudara a subir una carga del sótano. Y ya no volvió a ver la luz del día hasta esta semana. Elisabeth tenía entonces 18 años. En su declaración a la policía, Elisabeth comentó cómo el padre la mantuvo esposada a un poste los dos primeros días, y durante los seis o nueve meses siguientes -Elisabeth no recuerda bien- permaneció atada con una cuerda que sólo le permitía llegar al baño. Fritzl, que ha reconocido la paternidad de todos los hijos de Elisabeth, ha negado que la mantuviera atada.

Fritzl le hizo escribir una carta dirigida a la madre en la que Elisabeth le anunciaba que había ingresado en una secta y le pedía que no la buscase. Los primeros cinco años Elisabeth los pasó sola en el sótano, sin más visita que cuando el padre llegaba para abusar de ella. Ocho años más tarde, en 1992, cuando ningún vecino se acordaba apenas de ella, apareció en la puerta de Fritzl una niña bebé como caída del cielo. Le pusieron Lisa. Al año siguiente, en 1993, otro bebé llegó a la puerta. Y le pusieron Monika. Hace 12 años, un niño. Y le pusieron Alexander. Los bebés llegaban acompañados o bien de alguna carta que el padre había obligado a escribir a Elisabeth en las que pedía a Rosemarie que adoptaran a sus hijos porque ella no podía hacerse cargo de ellos; o bien al cabo de unos días sonaba el teléfono cuando se encontraba en casa Rosemarie, y Fritz desde otro lugar colocaba una cinta que había obligado a grabar a la hija en la que ésta volvía a decir que se encontraba bien y que no la buscasen.

Tres hijos de Elisabeth se criaron abajo sin conocer el sol, la primavera, los amigos, los novios o las nubes; y los otros tres, arriba sin saber que la madre de ellos estaba presa debajo de donde ellos correteaban. La primera hija de Elisabeth nació en 1988. Se llama Kerstin. Dos años después nació Stefan. Ninguno de los dos salieron del búnker. Después llegaron Lisa (16 años), Mónika (15) y Alexander (12), quien nació junto a otro gemelo. Pero el gemelo sólo vivió unos días. Para deshacerse del cadáver, Fritzl metió al niño en el horno, de la misma forma que en 1945, cuando Josef Fritzl, tenía 10 años, gaseaban e incineraban a los judíos en el campo de concentración de Mauthausen, a sólo media hora en coche desde Amstetten. Los hijos de arriba corrieron mejor suerte que los de abajo. Pero Fritzl ejercía una disciplina feroz sobre todos ellos.

"Era un déspota. Cuando entraba en una habitación todos los niños se callaban y se quedaban quietos, incluso si estaban jugando. Se sentía el miedo que todos tenían a los castigos", comenta Christine R., hermana de la esposa de Fritzl.

Con su esposa Rosemarie, según Christine R., hacía tiempo que Fritzl dejó de acostarse. Pero con Elisabeth tuvo un último hijo hace sólo cinco años. Le pusieron Félix y quedó condenado a vivir en el sótano. La explicación que Fritzl dio a la policía es que su esposa Rosemarie ya no podía hacerse cargo de más niños.
Durante los nueve primeros años de cautiverio, desde 1984 a 1993, el sótano sólo disponía de una habitación. Así que, según la declaración que Elisabeth ha efectuado a la policía, Kerstin y Stefan presenciaban las violaciones de Josef Fritzl a su madre, al menos hasta que Kerstin cumplió cinco años y Stefan cuatro.

Cuando los policías entraron en aquel búnker de unos sesenta metros cuadrados y 1,70 de altura lo describieron como una cárcel pensada para niños. Dispone de lavadora, lavavajillas, baño, retrete y cocina. Tiene dos puertas de acero y hormigón; una de ellas al menos, escondida detrás de una estantería. Fritzl había ideado un mecanismo para abrirlas con un mando a distancia con un código secreto. ¿Pero qué les hubiese ocurrido a Elisabeth y sus tres hijos si Fritzl hubiera muerto de forma repentina? ¿Habrían agonizado lentamente por desnutrición? Fritzl declaró a la policía que había ideado un mecanismo para que en caso de extrema urgencia se pudiese abrir desde dentro. La policía investiga ahora si eso es cierto.

En el sótano nunca entró un médico. Kerstin, la que nació hace 20 años, iba perdiendo poco a poco su dentadura. Sin embargo, los tres hermanos de arriba disfrutaban de todas las ventajas de la educación en un pueblo como Amstetten. "Lisa [la que tiene 16 años] es inteligentísima", relata su compañero de clase y amigo, Sascha Robb. "Y además, buena persona. Siempre ayudaba a los demás. De su madre Elisabeth no hablaba y nosotros no le preguntábamos. Eso era tabú. Y el padre, el que nosotros creíamos que era su abuelo, también parecía buena persona. Pero no nos dejaba ir a su casa, eso nos estaba prohibido".

La vida en Amstetten, como en tantas partes de este país de 8,2 millones de habitantes, se basa en el respeto y la confianza mutua. Los periódicos están disponibles desde primera hora de la mañana en unas bolsas de plástico que cuelgan de las farolas. Nadie vigila. Pero todo el mundo paga. Por la noche, los chavales de la edad de Kerstin salen a tomar una copa y a la entrada de los bares cuelgan sus chaquetas. Nadie cobra por vigilarlas. Cada uno sabe cuál es la suya. Los pasos de cebra son sagrados para el automovilista. Las adolescentes como Lisa Fritzl y los viejos como su padre-abuelo circulan por el carril bici tarareando canciones. En la rueda de prensa que ofrecen las autoridades de la comarca, uno de los policías lee su declaración en inglés, en deferencia a los periodistas extranjeros; y hay aparatos de traducción simultánea, con una señora que vierte al inglés cada frase que se pronuncia en alemán. En el restaurante del hotel Axel no está permitido al batallón de periodistas que ha aterrizado en el pueblo trabajar con sus ordenadores. Para eso está la cafetería o el vestíbulo. Todo en Amstetten lleva el aroma inconfundible de la civilización.


El pueblo no tiene nada de especial. Viena queda a una hora y cuarto en tren o en autovía. Linz, la ciudad donde se crió Hitler queda a otra media hora. Salzburgo, la ciudad de Mozart, a dos horas. A 10 minutos en coche hay un lago precioso y a 35 minutos, una estación de esquí. Las casas son robustas y las paredes altas protegen la independencia de sus habitantes. Pero eso mismo es lo que hace a veces casi imposible saltar la tapia del vecino, como quería Chesterton. La propia casa de Fritzl parece hecha a prueba de cotillas. En la parte frontal de la vivienda se aprecia un bloque gris de dos plantas con ocho ventanas y tres buhardillas, un portal desvencijado con ocho buzones de correos y poco más. A un lado, la panadería de Funther Prarreiter; y al otro, una tienda de techos de escayola. En la parte de atrás, ocho ventanas, una azotea con árboles plantados en ella, y abajo el famoso jardín en el que Josef pasaba tantas horas.

Fritzl bajaba cada mañana al sótano a las nueve. "Decía que estaba trabajando en planos de máquinas que vendía a una empresa", comenta Christine R. "A mi hermana Rosi le tenía prohibido bajar allí. Ni siquiera le estaba permitido llevarle café. A veces también pasaba la noche en el sótano. Ahora sabemos por qué".
A la policía no le consta que abusara de los seis hijos que tuvo con Elisabeth ni de los otros seis que engendró con Rosemarie. "¿Por qué eligió a Elisabeth?", se preguntaba un responsable policial para contestarse: "La verdad es que no lo sabemos". Fritz no sólo no ha dado muestra de arrepentimiento, sino que en su declaración, efectuada con absoluta serenidad, indicó a los agentes que metió a su hija en el sótano porque quería protegerla de las drogas. La tortura pudo haberse prolongado mucho más tiempo si no es porque su hija y nieta Kerstin, de 20 años, se encontraba grave de una enfermedad cuya causa se desconoce.

Fritzl accedió a llevarla al hospital. Los médicos observaron que Kerstin presentaba un cuadro clínico propio de quienes han nacido tras una relación incestuosa. Las autoridades sanitarias hicieron un llamamiento público en un canal local para que la madre de Kerstin se presentase en el hospital de Amstetten. Entonces la policía recibió una milagrosa llamada en la que alguien les anunció que Fritzl iría al hospital con su hija Elisabeth. Allí les detuvieron. ¿Quién realizó esa llamada? Los jefes policiales mantienen que no provenía de la casa de Fritzl.


Cuando Stefan y Félix fueron rescatados, los niños apenas podían tolerar la luz del sol. Los médicos han contado que ambos se comunican entre sí con una especie de gruñidos animales y que el pequeño Félix, de cinco años, prefiere gatear a caminar. Al montarse en el coche de la policía dijeron que sólo los habían visto en las películas. Les impresionaban las luces del salpicadero y les asustaba la llamarada de los faros que venían de frente. Al ver el cielo, Félix preguntó a los policías: "¿Dios vive ahí arriba?". Los testigos que presenciaron el reencuentro de Elisabeth con su madre Rosemarie afirman que estuvieron abrazadas durante mucho tiempo y que Elisabeth no se quería despegar de la madre. Elisabeth había salido con el cabello completamente blanco y parecía casi de la misma edad de Rosemarie.

Ahora, Rosemarie, Elisabeth y los hijos de Elisabeth se encuentran en una sala del hospital del pueblo, protegidas de los periodistas por vigilantes de seguridad. Elisabeth y sus hijos Stefan y Félix presentan problemas de referencia espacial y de adaptación a la luz. Los médicos les han habilitado una habitación oscura para que puedan descansar. Josef Fritz aguarda su juicio en una celda de aislamiento, a resguardo de los presos comunes. Y Kerstin continúa en coma. El número 40 de la calle Ybbsstrasse permanece custodiado día y noche por policías.

Algunos vecinos que se acercan con sus bicicletas ante la casa aseguran, sin permitir revelar sus nombres, que Rosemarie tenía que saber algo, que no se puede mantener a una familia bajo el propio suelo tantos años sin el consentimiento de ella. Pero Elisabeth ha exculpado a la madre en su declaración a la policía.

El sótano disponía de una tele. Mediante ese aparato pudo ver Elisabeth el llamamiento público que hacían los médicos del hospital para que acudiese la madre de Kerstin. ¿Pudo ver Elisabeth en esa misma televisión cómo el 23 de agosto de 2006 escapaba la joven vienesa de 18 años Natascha Kampusch de su secuestrador después de haber pasado 10 años encerrada? ¿No intentaron Elisabeth y sus hijos escapar nunca del sótano? El monstruo les advertía de que si intentaban hacerlo se activaría un mecanismo por el que morirían gaseados. La policía investiga ahora si existía dicho invento.
El terrible secreto que Josef Fritzl guardó durante un cuarto de siglo aún puede deparar más sorpresas. Pero la propia Natascha Kampusch ha declarado que lo mejor que puede hacer la sociedad por Elisabeth y sus hijos es respetar sus silencios. Si nadie se atrevió en 24 años a saltar sobre la tapia del vecino Fritzl, que nadie pretenda ahora saltar los muros del hospital donde se encuentran.

El padre de Elizabeth Fritzl ha confesado hoy, según la policía austríaca, que comenzó a abusar de su hija cuando sólo tenía 11 años. Su víctima, sólo accedió a relatar la historia cuando los agentes le aseguraron que no volvería a ver a su padre y que tanto ella como sus hijos estarían bajo protección. Entre los datos que se han revelado del caso, se ha dado a conocer que el abuelo/padre quemó el cadaver de uno de los niños, que había muerto al nacer, en el jardín de su casa.

La excusa que el padre de la joven dio para justificar su desaparición fue que había sido captada por una secta y que les había pedido que no volvieran a contactar con ella. Mientras, Elisabeth vivía en un zulo con el suelo de tierra que contaba con varias habitaciones, e incluso una cocina y un sanitario.

Elisabeth Fritzl ha pasado 24 años secuestrada y sufriendo los abusos de su padre. El 28 de agosto de 1984 éste la drogó, la ató y la encerró en el calabozo que había preparado en el sótano de su casa. En un espacio de 80 metros cuadrados ha vivido junto a dos de sus hijos, que presuntamente ha tenido de las relaciones mantenidas con su progenitor.

Elizabeth Frigl ha tenido, supuestamente con su padre, siete hijos. Cuatro de ellos vivían con el matrimonio, ya que el presunto abuelo afirmaba que se los había enviado desde la secta o que se los había encontrado en la calle. La enfermedad de una de las jóvenes, Kerstin (de 19 años), ha permitido que se conociera la historia, ya que el personal del hospital ha insistido en conocer a la madre.

El 'monstruo de Amstetten' estaba fichado dos veces por violación

El pasado martes comparecieron ante la prensa las autoridades políticas, sociales, médicas y policiales de Amstetten. No dijeron apenas nada que no se supiera sobre Josef Fritzl, el hombre que mantuvo encerrada a su hija Elisabeth en el sótano de su casa durante un cuarto de siglo. Pero si algo quedó claro en aquella comparecencia es que las autoridades no pudieron hacer nada para evitar tamaña atrocidad porque no había "un solo indicio" que permitiera sospechar de semejante monstruo. Nada. El gobernador del distrito, Heinz Lenze, llegó a mostrar una copia del informe sobre los antecedentes de Fritzl, solicitada con motivo de su primera adopción, en 1993. No constaba delito alguno. Sin embargo, el diario regional OÖNachrichten puso en evidencia a las autoridades de su país al publicar cómo la policía de Linz, a media hora en coche desde Amstetten, detuvo a Fritzl en 1967 por un delito de violación por el cual el monstruo pasó 18 meses en la cárcel.

Pero ése no fue siquiera el único delito cometido por Fritzl en aquel municipio. La policía de Linz -ciudad de 800.000 habitantes donde Adolf Hitler pasó su infancia- ya disponía hace 41 años de dos fichas penales sobre Fritzl antes de que consumara su primera violación. En una de ellas aparecía denunciado por exhibicionismo y en otra, por intento de violación. Ambos delitos han prescrito y han sido borrados de los archivos, como dicta la ley. Sin embargo, el acta se encontraba en el Archivo Regional de Alta Austria, donde se guardan los documentos del Tribunal Regional, abiertos para su acceso público por un plazo de 50 años.

El propio diario OÖNachrichten informaba el 27 de octubre de 1967 que Fritzl había intentado violar un mes antes a una mujer de 21 años a la que arrastró hacia un bosque. Pero la violación ya consumada se produjo un mes después, cuando Fritzl entró por la ventana de la habitación donde se encontraba una mujer de 24 años. El diario regional puso el miércoles a disposición de la justicia los expedientes penales. La cuñada de Fritzl, Christine R., de 56 años, declaró el jueves en otro diario local que Josef Fritzl había sido condenado ya por violación. Christine asegura que aquel hecho se produjo en 1969, precisamente el año en que Fritzl -que ahora se encuentra aislado en un centro penitenciario para evitar su linchamiento por otros presos- salió de la cárcel después de pagar 18 meses de condena.

Distintos portavoces policiales y judiciales han declarado que examinarán los informes remitidos por la prensa. Mientras tanto, la policía va soltando con cuentagotas más datos sobre la casa de los horrores. Se supo que el sótano-cárcel de 60 metros cuadrados y una altura de 170 centímetros no cuenta sólo con una puerta de acero y hormigón, sino con dos. Y que ambas pueden ser activadas con un mando a distancia. Pero esos detalles no van a frenar el debate abierto en Austria sobre si se pudo haber evitado la prolongación de semejante atrocidad durante 24 años.
Ante el revuelo que ha causado el crimen en la opinión pública nacional e internacional, la ministra de Justicia, la socialdemócrata Maria Berger, ha propuesto ampliar hasta un máximo de 30 años el periodo en el que los delitos sexuales permanezcan en el historial de la persona que los cometió. Y es que en Austria estos delitos desaparecen de los informes policiales y judiciales tras 10 o 15 años de cumplir condena, según el caso. La oposición de extrema derecha ha reclamado que tales crímenes permanezcan registrados durante toda la vida, en cualquier documento judicial del que los perpetre.

La hija del 'monstruo de Amstetten' exculpa a su madre

Elisabeth Fritzl, la hija del monstruo de Amstetten, Josef Fritzl, ha exculpado a su madre del martirio sufrido los últimos 24 años, encerrada en un zulo y sometida a las constantes violaciones de su padre, de quien tuvo siete hijos. La víctima ha explicado que pasó los primeros meses atada, y los primeros nueve años en una única estancia del sótano y hasta 1993 su padre no organizó otros espacios.
Según publica hoy el semanario alemán Der Spiegel, en todos estos años de cautiverio su madre, Rosemarie, nunca supo nada ni tuvo que ver con lo ocurrido, y sólo recibió alimentos y vestidos de su padre. La víctima ha relatado a la policía, según publica el semanario, que los hijos nacidos en estos primeros años fueron testigos de las violaciones continuas a las que su padre la sometía.
Der Spiegel cuenta también que la familia estuvo bajo observación de asistentes sociales que jamás sospecharon nada y que incluso constataron en sus actas que al padre se le veía aliviado tras la conmoción sufrida por haber encontrado un bebé abandonado en su puerta. Tres de sus hijos?nietos vivieron con él, su mujer y el resto de la familia, convencidos de que habían sido abandonados por su madre.
Kerstin, la hija mayor de Elisabeth, sigue internada en el hospital de Amstetten en estado grave, probablemente por una infección contraída en el zulo.

Fritzl planeó el encierro de su hija seis años antes

Fritzl lo tenía todo calculado. Construyó en 1978 el sótano donde encarceló seis años después a su hija Elisabeth, según confirmó la policía austriaca. Allí abusó sexualmente de ella y tuvo con ella siete hijos, tres de los cuales permanecieron en el sótano hasta que el monstruo de Amstetten fue detenido hace dos semanas.
El zulo estaba resguardado por ocho puertas y varios mecanismos electrónicos instalados por Fritzl. Lo contó el jefe de la policía regional de Baja Austria, Franz Polzer, en una comparecencia ante la prensa en Zeillern, en la que dio nuevos detalles sobre el terrible encierro. Por ejemplo, que la principal habitación subterránea, en la que Elisabeth estuvo recluida durante los primeros nueve años de su calvario, tenía 35 metros cuadrados. En el año 1993 y tras el nacimiento del cuarto hijo fruto de las relaciones incestuosas, el acusado amplió el calabozo subterráneo debajo de su casa hasta unos estimados 55 metros cuadrados, agregó Polzer.

Puerta de 500 kilos

Josef Fritzl encerró en 1984 a su hija que tenía entonces 18 años y la violó sistemáticamente. Nacieron siete hijos en ese sótano, de los que uno murió a los tres días. A la primera habitación se accedía durante los primeros nueve años a través de una puerta que pesaba unos 500 kilos, pero posteriormente fue reemplazada por otra más liviana.
El monstruo de Amstetten dispensaba a sus víctimas píldoras de vitamina D para mitigar los efectos de la falta de luz solar. Les instaló además una lámpara de luz ultravioleta, lo que explica su aceptable condición física para haber permanecido encerrados durante tanto tiempo, según el médico de la familia, Berthold Kepplinger. El responsable del centro para pacientes especiales de Amstetten-Mauer confirmó este extremo. El estado de Elisabeth y dos de su hijos encerrados es incluso mejor de lo esperado, dijo. No se encuentra tan bien Kerstin, la mayor de las hijas nacidas en el zulo. Sigue en estado estable pero grave, y con pronóstico incierto.
Fritzl comparecerá por primera vez ante la juez encargada del caso el miércoles próximo. Por el momento, no han trascendido muchos detalles de su estancia en prisión. Sólo que no ha causado problemas y que no quiere hacer ejercicio, por lo que explicó el jefe de la cárcel donde Fritzl se encuentra preso.

No soy un monstruo. Pude haberlos matado a todos


"No soy un monstruo". Con estas palabras intenta defenderse Josef Fritzl, el electricista jubilado austriaco de Amstetten que secuestró a su hija durante 24 años en el sótano de su casa para abusar a su antojo de ella, fruto de lo cual tuvo siete hijos-nietos. En un mensaje que ha difundido su abogado, Fritzl intenta minimizar su crimen diciendo que pudo haberlos "matado a todos".En una carta que ha publicado en el diario Österrich a través de Rudolf Mayer, abogado del apodado monstruo de Amstetten, Fritzl, cuyo caso ha sacudido de nuevo a la sociedad austriaca, se defiende intentando hacer ver que su horrendo crimen podía haber sido aun mucho peor. "No soy un monstruo", dice, "pude haberlos matado a todos y no habría pasado nada y nadie lo habría sabido nunca". Fritzl encerró durante 24 años a su hija Elizabeth en un sótano bajo su casa. Abusó de ella todos esos años y tuvo siete hijos con ella. Uno de ellos murió al nacer y Fritzl se deshizo de él quemándolo en la caldera. Adoptó a tres y los hizo vivir en su casa, mientras que en el sótano mantuvo a los otros tres, que nunca vieron la luz del sol, y a Elizabeth, que tiene ahora 42 años.Subraya también que aceptó hospitalizar a Kerstin, una de las hijas-nietas habidas de sus abusos incestuosos con Elizabeth: "Sin mi, Kerstin ya estaría viva". Precisamente Kerstin, de 19 años, fue el hilo gracias al cual se desentrañó la macabra madeja. La chica enfermó gravemente y su vida corría peligro. Elizabeth insistió en su hospitalización y Fritzl accedió, pero, al conocer su enfermedad, los médicos insistieron en hacer pruebas a la madre. Ese fue el detonante del descubrimiento del caso.





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