Valor simbólico del dinero y dolor



¿Por qué perseguimos el dinero? Una vez cubiertas las necesidades básicas no tendríamos que tener necesidad de buscar muchos más recursos económicos. ¿Es algo más que dinero? Según algunos tener más dinero nos hace más felices cuando somos pobres, pero una vez pasada esa barrera el dinero no nos hace más felices. Quizás, sospechamos muchos, tampoco nos haría infelices.
También hay gente que aunque tenga mucho dinero no se lo gasta y muere pobre, ¿por qué se da esto? ¿Qué tiene el dinero que tanto nos condiciona?
Un artículo publicado recientemente en Psychological Science y titulado “The symbolic power of money: reminders of money alter social distress and physical pain” nos habla de este tema y sobre la relación del dinero con el dolor social y físico.
Xinyue Zhou, Kathleen Vohs y Roy Baumeister exploran cómo el dinero puede reducir la percepción que las personas tienen del dolor físico y además negar la necesidad que suele tener de popularidad social.
En un artículo se evalúa la relación existente entre dinero, exclusión social y dolor físico.

Según Harriet de Wit, de f1000 Medicine, este resultado aumenta nuestra comprensión de la relación entre dolor social y dolor físico, y notablemente, muestra cómo el adquirido valor simbólico del dinero, quizás por asociación con el poder de control, puede influir en la respuesta que damos tanto al dolor físico como al emocional.

Además, el hallazgo tendría una gran importancia en sistemas sociales como el nuestro, que está caracterizado por una gran disparidad en el reparto de la riqueza económica, según ella.
Zhou, Vohs y Baumeister determinan que el rechazo interpersonal y el dolor físico provocan un aumento del deseo por el dinero. Según afirman, posiblemente el dinero puede ser un sustituto de la aceptación social y confiera la habilidad de obtener beneficios (¿emocionales?) del sistema social. Más aún, en estudios previos ya se había sugerido que la respuesta al dolor físico y la angustia social comparten los mismos mecanismos subyacentes.
Según los experimentos, manejar dinero (comparado con manejar simple papel) reduce la angustia social provocada por la exclusión social y reduce el dolor físico producido por la inmersión en agua demasiado caliente. Sin embargo, recordar que se ha gastado dinero intensifica tanto la angustia social como el dolor físico, según los autores.

La trampa no deja de ser diabólica. Por un lado los condicionamientos sociales nos empujan a tener más dinero y a querer ser aceptados, o paliar el dolor de no serlo. De este modo al conseguir dinero intentamos no sentimos tan desgraciados, pero si lo gastamos también nos sentiremos desgraciados.

Quizás, y esto es un chiste, lo mejor es ser millonario, de este modo no nos importará gastar un poco de nuestra fortuna. Puede que incluso los banqueros de los bonus que han provocado la última gran recesión económica, aunque rechazados por los demás, sean muy felices y se rían de los “valores morales” del resto de los mortales.





-/-