La Tierra después de nosotros


El premio Nobel Paul Crutzen propuso hace diez años la palabra Antropoceno para dar a luz una poderosa idea: la actividad humana está ahora afectando a la Tierra tan profundamente que estamos entrando en una nueva era geológica.
Puede que se acepte Antropoceno como periodo geológico, pero aún así, terminará siendo el más corto de todos y el último. No es difícil imaginar una época que acabe justo a los pocos cientos de años de haber comenzado, en una orgía de calentamiento global y sobreconsumo.
Supongamos que eso último ocurre. La huella humana el mundo natural, siempre en expansión en los dos o tres últimos siglos sobre, da lugar a un colapso ecológico y a una extinción masiva. Sin combustibles fósiles para soportar la agricultura, la humanidad estaría en dificultades. “Un montón de cosas tienen que morir, y un montón de esas cosas serán humanos”, dice Tony Barnosky, un paleontólogo de la Universidad de Berkeley. En el más pesimista de los escenarios la sociedad colapsaría, dejando detrás a unos pocos miles de personas que llevarían una precaria existencia en una nueva Edad de Piedra.
En una revisión de estudios se documenta cómo será la Tierra después de que el ser humano haya colapsado todos los sistemas ecológicos. Se habla sobre las consecuencias y de una posible recuperación del planeta, ya sin humanos.

Si nuestra especie sobrevivirá o no es difícil de predecir, pero ¿cuál será el destino de la Tierra en sí? Se dice frecuentemente que cuando hablamos de “salvar al planeta” realmente estamos hablando de salvarnos a nosotros mismos, pues el planeta estará bien sin nosotros. Pero, ¿sería así, o el cataclismo al final del Antropoceno dañaría el mundo tan severamente que se convertiría una tierra baldía y estéril?
La única manera de saberlo es echar un vistazo al pasado de nuestro planeta. Ni los cambios climáticos ni las extinciones masivas son exclusivos del tiempo actual. La Tierra ha pasado por ellos antes. Así que, ¿qué podemos esperar esta vez?

Considérese el calentamiento por efecto invernadero. La mayor preocupación de los climatólogos es que el calentamiento global empuje el sistema climático de la Tierra más allá de dos picos que harían que las cosas fueran dramáticamente peores. El primero sería la emisión de dióxido de carbono por parte del permafrost. Según el Ártico se haga más cálido, la descomposición de la turba emitirá 3 billones de toneladas carbono (quizás excediendo los 3 billones de toneladas que el ser humano podría emitir al consumir todo el combustible fósil concebible). El segundo es la emisión del metano almacenado en los claratos de los sedimentos oceánicos. Según el océano se vaya calentando, el metano (un potente gas de efecto invernadero) pasará a la atmósfera y contribuirá todavía más al calentamiento, acelerando así un círculo vicioso.
“Si pusiéramos todo el combustible fósil en la atmósfera, las temperaturas llegarían al punto donde ambas reservas de carbono serían liberadas”, dice el oceanógrafo David Archer de la Universidad de Chicago. Nadie sabe cómo de catastrófico resultaría el calentamiento.

Ésta es la razón por la cual los climatólogos están mirando con un interés creciente a la época de hace 55 millones de años denominada Máximo Térmico Paleoceno-Eoceno, cuando las temperaturas subieron 9 grados centígrados en unos pocos miles de años (aproximadamente el ritmo actual en las predicciones climáticas). “Es el momento más reciente en el que hubo un calentamiento rápido”, dice Peter Wilf, un paleobotánico de la Universidad del Esatdo de Pennsylvania. “Y precisamente porque fue muy reciente, todavía hay muchas rocas que tienen registro del evento.”
Mediante las medidas de los sedimentos oceánicos depositados en el máximo térmico, el geoquímico James Zachos de la Universidad de California en Santa Cruz, ha encontrado que el calentamiento coincidió con un gran aumento en los niveles de dióxido de carbono atmosférico. Entre 5 y 9 billones de toneladas de carbono entraron el la atmósfera en no más de 20.000 años (Nature, vol 432, p 495). ¿De dónde vino semejante cantidad de carbono?
La actividad volcánica no puede dar cuenta de ese aumento del dióxido de carbono, dice Zachos. En su lugar, él culpa a la descomposición de turba, que podría haberse producido no de la fusión del permafrost (hacía demasiado calor para que hubiera permafrost en esa época), sino a un cambio climático que hizo al mundo más seco. El registro fósil de las plantas de la época testifica ese episodio de sequía.


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