La era de pequeños mamíferos, roedores e insectos después de la extinción


Es así, según dice Jablonski, la recuperación de la vida después de la extinción del Antropoceno. Animales de cuerpo pequeño, altas tasas de reproducción y la habilidad de explotar habitats perturbados se demostrarán todas ventajosas. “Es un tipo de mundo con ratas, hierbas y cucarachas”, dice Jablonski.
La ola de extinción barrerá las especies de una manera bastante predecible. “Primero probablemente perderemos las especies que ya están en peligro, entonces vendrán las siguientes”, dice Barnosky. “Finalmente alcanzará a las especies que consideramos que no están en peligro en la actualidad; por ejemplo, muchos de los herbívoros africanos que hoy parecen tener poblaciones saludables”.
Sin embargo, las predicciones acerca del destino final de una especie en particular son casi imposibles, ya que la suerte juega un papel. Los supervivientes serán probablemente más o menos una selección al azar de plantas herbáceas y animales oportunistas, hace notar Doug Erwin del Smithsonian.
De hecho, durante los primeros millones de años después de la extinción la tasa de especiación realmente cae. “Esto nos sugiere algo así como una biosfera herida.

Si el Antropoceno termina con una extinción masiva, el registro fósil nos dice mucho acerca de cómo será la recuperación. Si las noticias son buenas o malas depende de la perspectiva. “La recuperación es rápida desde el punto de vista geológico, pero desde el punto de vista humano son increíblemente lentas. Estamos hablando de millones de años”, dice Jablonski.
Inmediatamente después de una extinción masiva, las pruebas del registro fósil sugieren que los ecosistemas alcanzan un estado de shock durante varios millones de años. Durante muchos millones de años después de la extinción del Pérmico, por ejemplo, el medioambiente marino del mundo estuvo dominado por las mismas 25 ó 30 especies. “Es muy aburrido”, dice Erwin.
Algo similar pasó sobre tierra firme después de la extinción del Cretácico. Los fósiles de plantas de Norteamérica antes del evento testifican que los ecosistemas florecían, con una gran variedad de insectos alimentándose sobre una amplia variedad de plantas. Después de la extinción, sin embargo, tanto la diversidad de plantas como la de insectos decayó dramáticamente, con algunos métodos de alimentación que desaparecieron casi completamente.

Después de eso, la confusión reina durante 10 millones de años. Según los fósiles se produjeron diversas combinaciones: unas con pocos insectos y plantas, otras con muchos insectos pero pocas plantas, y otras con muchas plantas y pocos insectos, todo excepto las configuraciones que los ecólogos denominan “normal” (Science, vol 313, p 1112). “En ningún momento tenemos lo que se puede denominar un ecosistema sano, con una gran diversidad de insectos alimentándose sobre una gran diversidad de plantas” dice Wilf. La diversidad permaneció baja, con pocas nuevas especies evolucionando. “Solo tratas de resistir”, dice Erwin.

Un estudio de la diversidad fósil marina apoya lo mismo. Hace casi una década, James Kirchner, de la Universidad de Berkeley, y Anne Weil, de la Universidad de Duke University (North Carolina), tomaron una base de datos de todos los fósiles marinos y la usaron para saber cómo de cerca estaban los picos de especiación de los picos de extinción (Nature, vol 404, p 177). “Como todo el mundo creíamos que cuando se da una extinción enseguida empieza la recuperación de manera inmediata”, dice Kirchner, ahora en el Instituto Suizo de Investigación Federal de los Bosques Nieve y Paisaje de Birmensdorf. En su lugar encontraron que el pico de especiación se daba 10 millones de años después de la extinción. “Casi nos caímos de nuestras sillas”, dice.
De hecho, durante los primeros millones de años después de la extinción la tasa de especiación realmente cae. “Esto nos sugiere algo así como una biosfera herida. Los eventos de extinción no sólo eliminan organismos del ecosistema, dejando montones de oportunidades a nuevas especies para diversificarse. En lugar de esto, lo que pensamos que pasa es que los nichos en sí mismos colapsan, así que no tienen nuevos organismos emergiendo para ocuparlos. Los nichos dejan de existir por sí mismos”, dice Kirchner.

Finalmente, sin embargo, la evolución termina por ganar, y después de unas pocas decenas de millones de años la biodiversidad se recupera. Alguna veces, como tras la extinción de Ordovícico de hace 440 millones de años, el nuevo régimen se parece mucho al anterior. Pero más frecuentemente emerge un nuevo mundo.”No restableces el tablero de ajedrez previo, sino que se rediseñas un nuevo juego”, dice Erwin.
En el Pérmico, los océanos estaban dominados por animales filtradores, comos los braquiópodos y lirios de mar, que vivían toda su vida anclados al fondo. Los depredadores eran escasos. Todo eso cambió después de la extinción, dando lujar a un ecosistema más rico y dinámico. “Desde mi punto de vista la extinción del Pérmico fue lo mejor que le pudo pasar a la vida terrestre”, dice Erwin.

Entonces, de una manera perversa, en el fondo la lección es positiva. Incluso si superpoblados y sobreconsumimos hasta volver a la Edad de Piedra, la Tierra probablemente sobreviva. La vida continuará. Cuando la estela del Antropoceno se haya acabado, y lo poco que hubiera quedado de la humanidad haya desaparecido, una nueva era geológica aparecerá. Una vergüenza que no haya nadie por allí para darle un nombre.


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