Conspiración en el asesinato de Martin Luther King



La bala fue precisaAtravesó la quijada hasta salir por entre el cuello y el inicio de la espalda, llevándose en su mortal recorrido la parte derecha de la mandíbula y destrozándole la yugular. Fue un golpe seco y el reverendo yacía en el suelo del segundo piso del balcón del hotel Lorraine, el 4 de abril de 1968, en Memphis, Tennessee.

Han pasado 42 años desde la muerte del doctor Martin Luther King Jr., el adalid de los derechos civiles y la igualdad racial en Estados Unidos, y las preguntas sobre una supuesta conspiración para matar al pastor protestante que puso de cabeza el 'establishment' blanco de la época siguen sin una respuesta concreta.
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Aunque hubo un acusado y un sentenciado, James Earl Ray, la propia familia de King siempre pensó que detrás de la muerte del reverendo hubo algo más. Incluso, Dexter King, uno de sus hijos, se entrevistó en la cárcel con Ray y afirmó que no creía que él fuese el asesino.

Para los aficionados a las teorías de la conspiración, es difícil creer que un ladrón de poca monta como era Ray pudiera orquestar un asesinato de esa magnitud en las narices del FBI, que vigilaba cada movimiento de Martin Luther King, por considerarlo un peligroso agitador, y sobre todo, un comunista en potencia.

Las claves de su muerte --como el del ex presidente John F. Kennedy y su hermano Robert, en la misma década-- quedarán para siempre selladas en los archivos secretos del FBI, pero alimentan aún más la leyenda alrededor de un personaje trascendental en la historia estadounidense.

LAS PISTAS DE RAY
Las crónicas sobre la muerte de King especulan que el líder civil de la no violencia presentía el final de su lucha por la igualdad. Él llegó a Memphis a principios de abril del 68 para apoyar a los trabajadores negros de limpieza de esa ciudad. La noche anterior, en su sermón, les dijo: "Dios ha permitido que llegara a la cima de la montaña y desde allí he visto la tierra prometida. Es posible que no vaya a la tierra prometida con ustedes".

Horas después, alrededor de las 6 de la tarde de aquel 4 de abril, mientras conversaba con su chofer momentos antes de ir a una cena con un pastor local, un tiro directo acabó con su vida. Tenía 39 años.

Según las investigaciones, fue James Earl Ray quien disparó el rifle Remington Gamester modelo 760 desde la ventana de un motel aledaño, donde se registró con un nombre falso. Ray salió corriendo y dejó el arma homicida cerca del lugar junto a binoculares, un visor, algunas latas de cerveza y un recibo de una tienda de armas, todo dentro de un paquete envuelto en una frazada azul. Demasiadas pistas como para un asesino profesional.

Ray siguió dejando rastros y huyó en un Mustang blanco, que abandonó días después en Atlanta, Georgia.

Gracias a esos datos, la policía y el FBI determinaron que las huellas dactilares encontradas en el rifle pertenecían a un tal Eric Starvo Galt, identidad que coincidía con el propietario del vehículo. Eric Starvo Galt era la identidad falsa con la que James Earl Ray había vivido durante los últimos dos años, luego de escaparse de una prisión de Missouri en 1966.

Ray, según relata Mark Gribben en su libro "James Earl Ray, el hombre que mató a Martin Luther King", había vivido en Canadá para despistar a las autoridades y tras conseguir un pasaporte de ese país cruzaba continuamente la frontera como traficante. Luego regresó a Estados Unidos y vivió en Alabama, Nueva Orleans y Los Ángeles, donde tomó clases de baile, atravesando incluso sin problemas la frontera mexicana.
De un momento a otro, las pistas de Ray llegaron a Memphis, donde cometió el asesinato. La policía no lo atrapa sino hasta dos meses después, el 8 de junio de 1968, nada menos que en Inglaterra, cuando se disponía a tomar un avión hacia Bélgica bajo el nombre de George Ramon Sneyd.

Para los afines a la conspiración, es poco creíble que un ex convicto haya tenido el dinero suficiente para semejante periplo, contando su fugaz paso por Lisboa antes de llegar a Londres, además de la facilidad con que obtuvo un segundo pasaporte con la identidad de Sneyd.

CONFESIÓN DE PARTE
Luego de que lo extraditaron a Estados Unidos, el primer abogado que tomó su caso afirmó que su cliente formaba parte de un complot y que él fue contratado para cometer el crimen. Pero en 1969 él se declara culpable y recibe una sentencia de 99 años. Tan solo unos días después, Ray le envía una carta al juez retractándose de su confesión.

En los años siguientes, las investigaciones del Congreso no encontraron ninguna relación con el asesinato de King y algún plan para asesinarlo proveniente de alguna de las agencias estatales. Claro que dicha conclusión se tomó sin tener acceso a los archivos clasificados del FBI.

Sin embargo, la prueba hasta el momento irrefutable es que las huellas que se encontraron en el rifle asesino pertenecían a Ray. Si actuó solo motivado por el racismo y su oposición hacia la figura de King, o si formó parte de un plan orquestado, es algo que Ray se llevó a la tumba hace 10 años, cuando murió en prisión.

Muchos afirman que la organización terrorista para la supremacía blanca, Ku Klux Klan, estuvo detrás de su muerte, pero quienes lo refutan argumentan que el KKK no hubiese necesitado buscar a un rufián fuera de su organización para cometer el crimen y pagarle por ello.

Lo cierto es que el doctor Martin Luther King Jr. era un personaje incómodo para muchos en las altas esferas del poder, y también para los blancos segregacionistas que ahora tenían que compartir su espacio con los negros, gracias a las reformas impulsadas por el líder de los derechos civiles.

Su sueño de que los hombres no serían juzgados por el color de su piel, sino por su carácter, aún está lejos de hacerse realidad. Si bien los negros y los blancos pueden compartir un ómnibus y estudiar en las mismas escuelas, el racismo no se ha desterrado por completo de la sociedad estadounidense, ni tampoco de la sociedad en general. El legado del reverendo King será imperecedero, pero la lucha por la igualdad aún no concluye.

El anhelado sueño de la igualdadMartin Luther King Jr. será siempre recordado por uno de los mejores discursos pronunciados en la historia reciente. La Gran Marcha de Washington, en agosto de 1963, convocó a más de 200.000 personas, y fue el escenario propicio para unas palabras que hasta hoy retumban: "Yo tengo un sueño" ("I have a dream").

"Sueño que un día los hijos de los antiguos esclavos y los hijos de los antiguos dueños de esclavos se puedan sentar juntos a la mesa de la hermandad". "Sueño que mis cuatro hijos vivirán un día en un país en el cual no serán juzgados por el color de su piel, sino por los rasgos de su personalidad". "¡Yo tengo un sueño!".

Era el momento de la efervescencia por la igualdad. Un año después, King obtuvo el Premio Nobel de la Paz y consiguió el añorado derecho al voto y los derechos civiles que acabarían con el segregacionismo de los afroamericanos.

Sin embargo, King se enfrentaba ya a fuertes críticas de otras facciones, como las Panteras Negras, que propugnaban el nacionalismo negro y no estaban de acuerdo con su discurso pacifista. Años antes había tenido un intercambio de palabras con Malcolm X, otro líder prominente que se convirtió al Islam y que afirmaba que solo con violencia se conseguiría la emancipación del hombre negro.

En los años previos a su muerte, King viró su discurso y no solo propugnó la igualdad racial, sino la igualdad económica, y exigía la redistribución de la riqueza y el poder. Habló incluso de una lucha de clases, un discurso que olía a comunismo en la época más álgida de la Guerra Fría. Su férrea oposición a la Guerra de Vietnam atizó el fuego.
Con el consentimiento del procurador general, Robert Kennedy, el FBI inició una férrea vigilancia y agentes se infiltraron en su movimiento, sembrándole micrófonos para escuchar cada una de sus conversaciones.

La historia cuenta que uno de esos audios le fue enviado a King momentos antes de recibir el Premio Nobel, en Suecia, donde se escuchaba una orgía sexual en la que presuntamente participaba el reverendo.

PARA RECORDAR

Protagonistas de una larga historia
.Rosa Parks, una costurera de 42 años, será recordada como la mujer que prendió la llama hacia el fin del segregacionismo.

.En 1955, Rosa Parks tomó un ómnibus en Montgomery, Alabama, y se negó a cederle su asiento a un hombre blanco, lo que inició un boicot que lideró por entonces el debutante pastor Martin Luther King.

.En 1989, Douglas Wilder se convirtió en el primer gobernador negro de un estado (Virginia) en la historia del país.

.Dos negros han ocupado la Secretaría de Estado, uno de los cargos políticos más importantes del país: Colin Powell (2001-2005) y Condoleezza Rice.

.El Presidente Demócrata Barack Obama ha hecho historia convirtiendose en el primer presidente negro de Estados Unidos y posiblemente sea reelecto para cumplir un segundo periodo de gobierno.


:fuente:Por Gisella López Lenci. Periodista















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