La ACTITUD y su poder de lograr lo que uno buscar


A veces nos pasan cosas duras. Situaciones que nos toman por sorpresa y redefinen nuestra vida en un instante. Que dejan toda noción de normalidad en el pasado, abriéndonos a una enorme incertidumbre, que nos confunde y asusta sin piedad.

Todos hemos vivido experiencias personales o profesionales que nos obligan a sacar nuestro lado fuerte para no perder más de lo que la vida nos quiere quitar y de lo que esa actitud de lucha y esperanza bien llevada es capaz de hacer por el protagonista de la batalla y por todos a los que nos toca acompañarlo en su difícil travesía.

Porque cuando pasan cosas difíciles, lo más fácil es convertirse en víctima. Lo podemos ver en los lugares de trabajo cuando las empresas hacen cambios que afectan las carreras de sus empleados. En esas circunstancias algunos abusan de su legítimo derecho a maldecir lo sucedido, de entregarse al desánimo o de rebelarse volcando su mal humor en los demás. Esa actitud equivocada demora la recuperación, destruye el espíritu y daña a quienes conviven con el afectado.

Es posible que no sea tu caso, ya que el escoger enfrentarse a la adversidad con verdadera buena actitud, determinados a sobrellevar con valentía y buen ánimo cada obstáculo por difícil que sea, sin mirar atrás ni por un instante. Y esa actitud no es ni remotamente resignación pasiva. ¡Es una fe feroz en que todo saldrá bien!

Es la intensidad de esa certeza, de esa fe interior, la que inspira no solo el respeto y la admiración profunda de quienes vamos a su lado, sino la que nos motiva a sentirnos igual de valientes, enteros y esperanzados.

Dicen que esas experiencias duras definen a las personas en su verdadera condición. Yo considero que es la actitud con la que escogen vivir esas experiencias la que las define realmente, especialmente cuando esa actitud es capaz de generar e inspirar en los demás un enorme círculo virtuoso de coraje y valor.



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